En este blog hablaremos de muchas cosas, principalmente de los libros de Mercedes Perles Ortolá (Saga El Ángel, Saga Valyrias y Sombras, ¿Quién me lo iba a decir?). Pero también hablaremos de otros autores y de películas y música.
martes, 24 de mayo de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
Teorías
lunes, 16 de mayo de 2011
Gracias

Os quiero.
Un beso, un abrazo y un mordisco!!!!!!
domingo, 15 de mayo de 2011
Un poquito de esta historia
Durante unas semanas, os he ido dejando trozos de los capítulos de mi libro, El Ángel de la Destrucción.Hoy quiero dejaros algo diferente. Quiero contaros de qué va este libro. Porque sé que muchos habréis pillado la idea básica, pero quiero aclararos algunas cosas.
Cadena de Favores
Lo que hoy os pido es muy sencillo. Si habéis leído mi libro, id al final de esta entrada y leed el pequeño favor que os pido, independientemente de que os haya gustado o no. Si no es así, leed este entrada, y la carta que os adjunto al final de la misma. Es un simple favor que os pido, que no os llevará más de diez minutos.Gracias, de corazón.
Un beso, un abrazo y un mordisco.
jueves, 12 de mayo de 2011
Todas Juntas

El otro día acompañé a Zaida, una amiga, a la librería. Ella compraba, yo cuchicheaba.
Y dándome una vuelta por allí, mirando a ver cuántos ejemplares de mi libro les quedaba, ¡ZAS! voy y me tropiezo con esto.
LA Saga Vanir, La Saga El Escarabajo y la Saga El Ángel juntos en la misma estantería.
Móvil en mano, saqué la foto. Mi libro, El Ángel de la Destrucción, compartía espacio con los dos de Dianna, Alma Inmortal y La Isla del Darphiro, y con los tres de Lena Valenti, El Libro de Jade, El Libro de la Sacerdotisa y El Libro de la Elegida. ¡Me quedé de piedra!
Porque con anterioridad había visitado la librería, y mi libro estaba ubicado en otro lugar, pero mi sorpresa fue mayúscula.
Primero, por encontrar el de Dianna. En su momento se lo había comprado por Internet, y no sabía que se podía comprar en Publics, una de las librerías de mi ciudad.
Segundo, yo al lado de Lena. ¡JUAZ, flipante!
Y tercero, alguien se había tomado la molestia de poner mi libro en un lugar más visible, otorgandome un pequeño espacio con estas dos grandes escritoras.
Desde aquí, chicas, es un placer compartir espacio con vosotras.
Un beso, un abrazo y un mordisco
miércoles, 11 de mayo de 2011
Regreso (XIV)
REGRESO
Con los plateados reflejos de la luna sobre sus sedosos cabellos, con su inmortal presencia, con su extenuante belleza, con su esplendoroso cuerpo y con su maravillosa y perfecta sonrisa cincelada en su adónico rostro, encontré a mi particular dios de la belleza, a mi bello ángel de la destrucción sentado sobre el alféizar de mi ventana aguardándome. Había regresado, un día antes de lo previsto.
-¡Chris! –Y sin poder remediarlo, me lancé a sus brazos.
Sentí cómo me rodeaba con delicadeza, cómo aquellos ciclópeos brazos me aprisionaban entre ellos, como me envolvían con dulzura. Sus preciosos ojos azules me volvían a mirar con devoción infinita, con amor desmedido. Sentí que me sostenía en el aire, con mis pies colgando un palmo del suelo y como sus carnosos y fríos labios me besaban castamente. Pero poco a poco, conmigo aferrada a su cuello, como quien se aferra a la vida, sus besos se tronaron apasionados. Sentí cómo su aliento me cosquilleaba en la garganta, gélido al principio, ardiente al final, abrasándome los pulmones. Sus fuertes manos me seguían sosteniendo por la cintura y a través de la camisa, sentí cómo pasaban del frío al calor. La cabeza comenzó a darme vueltas, debido a la ausencia de oxigeno. Mi corazón emprendió otra de sus frenéticas carreras hacía el colapso y los cientos de hormiguitas y los millones de mariposas volvieron a recorrer mi piel y a inundar mi estómago, febriles y desquiciadas. Sentí que sufriría un colapso, pero entonces, mi inmortal amor, me soltó.
(...)-He cometido un error. –Y mi corazón se detuvo durante una milésima de segundo cuando creí que se refería a su vuelta. ¿Eso era lo que había significado ese último beso, una despedida? Leyó la angustia en mis ojos y me tranquilizó. -¡Sh! Tranquila mi amor. No es eso. Yo…verás… -Le acaricié la mejilla. Sus brazos me envolvieron de nuevo en una fría prisión que me parecía un paraíso. –Kara, he matado. –Y enterró su adónico rostro entre mis cabellos escondiendo su culpa y su vergüenza, su angustia y su temor.