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lunes, 29 de agosto de 2011

Pedidos para La Llama del Ángel

muchos de vosotros habéis leído El Ángel de la Destrucción, y cuando habéis llegado al final habéis dicho, ¿y ahora qué?
Bueno, a espera de editorial y con el presupuesto super ajustado, os digo que puedo hacer una tirada de 15 ejemplares. eso sí, bajo demanda. Así que todos aquellos que esteis interesados en seguir esta saga, podéis mandarme un mail a elangeldeladestrucción@hotmail.com indicando en el asunto, compra la llama del ángel. Anotaré el nombre de cada uno de vosotros, y si antes del 15 de SEptiembre llegamos a los 15 ejemplares reservados, haré el pedido.
Espero vuestras respuestas.
Un beso, un abrazo y un mordisco!!!!!!!!!!!!!!!!!

martes, 23 de agosto de 2011

El Libro de Gabriel

El Libro de Gabriel es el cuarto libro de la Saga Vanir, de Lena Valenti. 
La pre venta se inició el día 15 de Agosto, y navegando por redes sociales y blogs he podido ver que mucha gente ya lo ha leído. ¡Y me han dejado con los dientes largos!
Las reseñas y las críticas son de infarto, haciéndome ver que Lena, una vez más, se ha superado a ella misma (y mira que eso ya es complicado)
El caso es que yo decidí encargar el libro en una librería de mi localidad, y en las librerías se pondrá a la venta a partir del próximo día 1 de Septiembre (como mi cumple es el 24 de este mes, m lo auto regalo, jijiji)
Lo dicho gente y fans de Lena, este libro, según lo que tengo leído, es mejor que los anteriores. Y es que Lena, nos demuestra una vez lo grandiosa que es, superándose a ella misma.
Desde aquí, Lena, y antes de haber leído tu libro, mi más sincera enhorabuena. Cuando lo lea, te dejaré mi propia reseña.
Un beso, un abrazo y un mordisco a todos!!!

miércoles, 17 de agosto de 2011

Recordatorio Espía (Ultimo capítulo)

ESPÍA
Aquella tarde de lunes fui con Victoria y mi madre a buscar las telas para confeccionar el vestido que quería, el mismo que había llevado puesto en la visión de Chris y mía. Ese era mi regalo para él. Verme vestida conforme él quería, ¿porqué que otra cosa le puedes regalar a un hombre que lo tiene todo? Había hecho un boceto de cómo quería que fuera el vestido, y Trizia se ofreció a que una de sus modistas me lo confeccionara. Me sorprendió ese ofrecimiento por su parte, pero lo acepté. Según Chris, ella simplemente había estado celosa de mí, pero poco a poco sus sentimientos cambiaban. Obviamente, jamás seriamos las mejores amigas del mundo, pero tal vez nuestra relación no fuera tan tensa como lo era.
Mamá nos invitó a cenar en casa, pero Victoria no aceptó. Ya había quedado con Charles. Le volví a insistir con eso de que si entre ellos dos había algo más, y ella lo volvió a negar. Sólo sentía que tenía que ayudar a Charles, y que simplemente eran amigos. Nada más.
Yo sí acepté la invitación a cenar en casa de mamá, y me sorprendí al ver a Helia allí. Iba a cenar con nosotras.
Mi vida se iba componiendo como un inmenso puzle, donde cada una de las piezas encajaba a la perfección con las demás. 

martes, 16 de agosto de 2011

Recordatorio Petición (XVII)

PETICIÓN
Las siguientes tres semanas fueron las mejores de mi vida. Drake y Keinan seguían en el anonimato, pero cumpliendo con su cometido de guardaespaldas de Victoria. A ellos dos se les unió Andros y Olimpia. Él se alegró de verme, ella no tanto. Yo sabía que mi olor no era solo delicioso para Chris, puede que para él fuera más especial que para los demás, al fin y al cabo me había creado para eliminarlo, pero yo le resultaba apetitosa a la mayoría de los inmortales.
Los hermanos de Chris no me preocupaban, llevaban muchos años de abstinencia en el caso de Keinan y Andros, y Drake jamás había matado. Tenía el suficiente autocontrol como para no haberlo hecho nunca; desde el momento en que Helia lo transformó simplemente se alimentó de sangre de animales y de luces errantes.

lunes, 15 de agosto de 2011

Recordatorio del Concurso

SÓLO QUEDAN 7 DÍAS PARA PODER PARTICIPAR EN EL CONCURSO PARA GANAR UN EJEMPLAR DEDICADO DE EL ÁNGEL DE LA DESTRUCCIÓN MÁS UNA CAMISETA DE OCULTA NOCTURNIA. OS VUELVO A DEJAR LAS BASES!!!
Hoy quiero recordaros las bases para poder ganar un ejemplar firmado de El Ángel de la Destrucción y una camiseta de Oculta Nocturnia.
Debéis hacer un booktrailer del libro. Para aquellos que no lo hayan leído, os recuerdo que es este blog podéis leer varios pedazos del libro.
Una vez creado el booktrailer, o lo envías por email a elangeldeladestruccion@hotmail.es o lo subis a youtube y me dejáis el enlace en esa dirección de correo electrónico. Nosotros los colgaremos en el blog y en el Foro oficial de Fans que el libro tiene en Facebook, a parte de en mi perfil y en diferentes grupos para que sea votado.
El booktrailer que más votos acumule, se llevará una camiseta de oculta nocturnia y un ejemplar dedicado de El Ángel de la destrucción.
Recordad que el booktrailer debe ser del primer libro, puesto que más adelante se hará otro concurso para el segundo libro de la saga, La Llama del Ángel.
El concurso es a nivel mundial, cualquier persona de cualquier parte puede participar, por lo que os pedimos, que cuando mandéis el correo electrónico, dejéis vuestro nombre completo y dirección completa (código postal, ciudad y país)
esperamos con impaciencia vuestros vídeos. Cuanto antes los mandéis más posibilidades tendréis de ganar, puesto que el plazo de recepción de vídeos comenzó ayer y sólo tenéis un mes.
Luego habrá otro mes para las votaciones.
Un beso, un abrazo y un mordisco.

Recordatorio Familia (XVI)

FAMILIA
Victoria no había llegado a casa, todavía, y Chris se ofreció caballerosamente a prepararme la cena, en cuanto vio que yo simplemente iba a comerme una mísera ensalada.
-No sé qué voy a hacer con tu manía de dejar de comer, Kara. –Dijo mientras me preparaba un revuelto y una ensalada. Yo permanecía sentada en la silla de la cocina, maravillada ante aquel inmortal hombre preocupado por mi alimentación, cuando lo más peligroso que existía en el mundo para mí era permanecer cerca de él.
-¿Eres consciente de que esto es, cuanto menos, cómico? –Repuse repantigándome en la silla.
-¿Por qué? –Dijo mientras me miraba por encima del hombro.
-Bueno, porque tú, alguien que no come, y que lo que más le apetece comer es a mí, me estás preparando la cena. –Y me levanté y le rodeé por la cintura, besando su escultural espalda. –Me encanta que te preocupes por mí. –Y recosté mi mejilla sobre su fría espalda.

domingo, 14 de agosto de 2011

Recordatorio Helia (XV)

HELIA
-Buenos días. –Me susurró su aterciopelada voz, acariciando mis desquiciados sentidos, aún frenéticos tras aquel beso.
-Mmm… -Me aferré con más fuerza a su cuello. –Sí que son buenos, sí. -Me hice la remolona entre la fría y confortable prisión de sus brazos. Se rió de mi respuesta.
-¿Esto te encanta, verdad? –Sus manos continuaron acariciándome el rostro, mientras sus inmensos y oceánicos ojos hacían lo propio con mi alma.
-¿El qué? ¿Dormir contigo? –Asintió. –Pues sí, la verdad. –Reconocí entrelazando mis piernas a las suyas. –Aunque más que dormir, lo que me encanta es que estés junto a mí. –Me hizo rodar sobre mi espalda y se tumbó sobre mí.
-¿Aunque te juegues la vida a cada segundo? –Sentí como una de sus frías manos se resbalaba por mi espalda, por debajo del suéter del pijama. Me estremecí de placer.
-No me juego nada, sencillamente porque no tengo nada sin ti. Así que deja de decir tonterias, ¿quieres? –Mi corazón se aceleró un poco más cuando su mano dejó de acariciar mi espalda para recorrer la tersa piel de mi cintura. Traté de despejar mi mente, porque en cualquier momento me iba a dejar llevar. -¿Qué hora es?
-La seis y media. –Dijo, dejando que su dulce aliento me cosquilleara la base de mi garganta. Me besó en el arco de la misma, donde mi efluvio se concentraba con mayor fuerza. Aspiró una enorme bocanada de aire y su pecho gruñó levemente. –Apenas has dormido cuatro horas. ¿Quieres descansar un poco más? –Dijo clavándome sus inmensos ojos azules.
-No. –Rodeé su alabastrino cuello con mis brazos. –Prefiero estar despierta, la verdad. –Mis piernas se entrelazaron a su inmortal cintura. Rodó sobre sí mismo y me hizo caer sobre su inquebrantable pecho. Jadeé al ver refulgir las infernales llamas en lo más profundo de sus preciosos ojos.
-¿Qué voy a hacer contigo? –Pensó en voz alta.
-Lo que quieras. –Respondí. Sus gélidas manos, ardientes en ese momento, sostuvieron mi rostro con delicadeza y me besó febril y apasionadamente. Sentí cómo su aliento me ardía en la garganta, cómo me abrasaba los pulmones, y cómo mi sangre hervía. La cabeza comenzó a darme vueltas. Al final iba a tener razón él y cualquier día se me olvidaba hasta respirar. Cuando sus labios dejaron de besarme, abrí los ojos y me encontré con dos pedazos de océanos congelados contemplándome con devoción infinita.
-Cualquier día te da un ataque. Deberías de hacer algo con tu corazón. –Dijo poniendo su oreja sobre mi pecho, allá donde mi órgano vital latía enfermizamente.
-Imposible mientras insistas en besarme de esa forma. –Musité. Chris había cerrados los ojos y se limitaba a escuchar mis frenéticos latidos, como si fueran los acordes de una hermosa melodía, compuesta únicamente para él.
-Dijiste que podía hacerlo, ¿recuerdas? –Su aterciopelada voz me desquiciaba los sentidos, haciendo que cayera rendida a sus pies por enésima vez.
-Lo sé. Pero no pretendas que controle algo que sólo tú eres capaz de desquiciar de esa manera. –Y acaricié su bello rostro angelical. Me obligó a bajar de encima de él. Se recostó sobre su costado derecho, mientras que clavaba el codo sobre la almohada y recostaba la cabeza sobre su mano. Las tersas yemas de los dedos de su mano izquierda recorrieron mi rostro, memorizándolo una y otra vez.
-Simplemente estoy comprobando hasta dónde podemos llegar. A veces creo que es más probable que te mueras de un ataque al corazón antes de que yo te pueda matar. –Al reconocer el hecho de que él me podía herir, una sombra de dolor recorrió su prefecto rostro.
-Lo primero seguro que ocurriría, lo segundo jamás pasará. –Afirmé categóricamente. Sonrió de nuevo, sin sombra alguna de sufrimiento en su extenuante bello rostro.
-¿Puedo preguntarte algo? –Asentí. Imité su gesto y me dediqué a memorizar su semblante con mis manos. -¿Por qué me llamaste ángel anoche?
-Porque eres mi ángel. Mi particular, bello, hermoso, amado y perfecto ángel de la destrucción. –Acerqué mis labios a los suyos y dejé que fuera él quién impusiera la intensidad a ese beso.
-¿Ángel de la destrucción? No se me había ocurrido verme como tal. –Dijo separando apenas unos milímetros sus labios de los míos.
-No es en el sentido en el que estás pensando. No me refiero a que seas una especie de jinete del apocalipsis o algo parecido. Eres mi ángel de la destrucción porque sólo tú fuiste capaz de derrumbar el muro que construyeron a mí alrededor, quitándome la venda de los ojos y haciéndome ver que ellos no tenían razón. Tú destruiste los muros de la enorme mentira en la que se basaba mi vida. Derrotaste a la muerte y me diste la vida. Porque tú eres mi ángel. –Y estreché mi cuerpo al suyo.
-Una manera muy peculiar de verme. –Sus hermosos ojos continuaban acariciándome el alma.
-Es la única. Tú eres el puerto de destino al que conduce el barco de mi vida. Sin ti, simplemente estoy perdida. –Y esperé, durante una brevísima milésima de segundo, su respuesta.
-Entonces ven aquí, porque has llegado a puerto. –Y tiró de mí dulcemente, haciéndome caer entre sus brazos. -Te amo. –Musitó, antes de fundir sus labios con los míos, deseosos de probar su miel. Me rodeó con ternura y permanecimos un rato quietos, yo respirando tranquilamente, llenándome los pulmones de su dulce y varonil aroma, y él escuchando el frenético latido de mi humano y enamorado corazón. -¿Podrás estar unas tres horas tranquilita, sin meterte en líos? –Una leve nota de sarcasmo se reflejaba en su voz.
-¿A qué viene esa pregunta? –Levanté la cabeza para poder volver a contemplar sus preciosos ojos azules.
-Helia aterriza en un par horas en el aeropuerto de la capital. Voy a ir a recogerlo. ¿Prometes portarte bien? –Dijo sosteniendo mi rostro entre sus frías manos de hielo.
-Me porté bien. Fue él quien no te obedeció. –Alegué en mi defensa.
-Kara… -Bufó.
-De acuerdo, no me meteré en líos. Si a alguien se le ocurre aparecer, te llamo, ¿satisfecho? –Protesté. Siempre tan quisquilloso.
-Sí, eso está mejor. –Dijo, dándome un beso en los labios, poniéndose en pie y cogiendo sus zapatos.
(...)
Si había un ser que podía rivalizar con Chris en belleza ese era, sin lugar a dudas, su padre adoptivo, Helia. Su belleza era casi tan extenuante como la de mi único amor, y su porte y elegancia hacían imposible no fijarse en él. La primera vez que lo vi, hacía más de catorce años, creí estar ante el mismísimo Zeus.

Su estatura era muy similar a la de Chris, siendo apenas unos dos o tres centímetros más bajo. Su rostro era ligeramente alargado, con una perfecta forma, ni demasiado estirada ni excesivamente ovalada. Sus cejas no eran ni demasiado gruesas ni demasiado pobladas, sencillamente perfectas. Su nariz se enmarcaba justo en la mitad de su rostro, debajo de unos hermosos y grandes ojos almendrados, de un profundo color verde, como el bambú o el jade. Su blanca tez le confería mayor profundidad a esos arrebatadores ojos.
Helia llevaba el cabello largo, casi por la cintura, recogido en una coleta a la altura de la nuca, holgadamente, enmarcando su bello rostro. Unos mechones de bellos cabellos plateados surcaban su esplendorosa melena azabache.
Su cuerpo era el puro reflejo de su mortal vida pasada. De cintura estrecha y ampliada espalda, musculosos brazos y marcados abdominales, su figura denotaba que en un pasado fue nadador o que, por lo menos, la natación formaba una parte importante de su antepasada vida. Pero lo más espectacular era su presencia. Helia imponía, sin mediar palabra, captaba la atención de cualquiera que estuviera a su alrededor.




sábado, 13 de agosto de 2011

Recordatorio REGRESO (XIV)


-¿Qué pasa Chris? –Esta vez, preferí hablar en voz alta.
-Nada. –Pero sus ojos no se posaron sobre los míos. Tenía el rostro levemente inclinado hacia arriba, como si quisiera ver algo del insulso cabezal de mi cama. Tomé sus gélidas mejillas entre mis manos y con delicadeza, pero con fuerza, le obligué a mirarme.
-No me mientas, por favor. Cuéntamelo. –Mi voz sonó más suave que nunca, más dulce, más cariñosa, más comprensiva, y eso le ablandó.
-He cometido un error. –Y mi corazón se detuvo durante una milésima de segundo cuando creí que se refería a su vuelta. ¿Eso era lo que había significado ese último beso, una despedida? Leyó la angustia en mis ojos y me tranquilizó. -¡Sh! Tranquila mi amor. No es eso. Yo…verás… -Le acaricié la mejilla. Sus brazos me envolvieron de nuevo en una fría prisión que me parecía un paraíso. –Kara, he matado. –Y enterró su adónico rostro entre mis cabellos escondiendo su culpa y su vergüenza, su angustia y su temor.
-¿Y temes que te juzgue por ello? –Le obligué a mirarme. -¿O temes creer que eres un monstruo? –Y le di un suave beso en los labios. –Ni haré lo primero, ni eres lo segundo. Cuéntame que ha pasado. Sea lo que sea no va a hacer que cambie ni lo que siento por ti, ni que te vea como lo que eres.
-¿Y qué soy? ¿Qué, aparte de un horrible ser que sega la vida de humanos? –El dolor se hizo más patente.
-¡Basta Chris! Deja de decir eso y cuéntame que pasó. –No me iba a hacer cambiar de opinión. –Por favor, dime qué ocurrió. –Supliqué. Me dio un tierno beso en la frente y me acarició las mejillas. Con sus preciosos ojos lapislázuli calvados en los míos me relató su viaje.
(...)
-No eran cinco hombres, Chris. Eran cinco asquerosos pederastas, violadores y asesinos. No deberías culparte por ello. –Rodeé su cuello con mis firmes brazos, pero él se liberó de mi amoroso y cálido abrazo y se puso en pie.
-No soy quién para decidir quién debe morir y quién debe vivir. –Se sentó en el alféizar de mi ventana, con la mirada perdida en el horizonte. Aquella frase ya la había oído antes, en boca de Helia, su padre adoptivo.
-Cierto, pero ellos tampoco tenían el derecho de hacer lo que iban a hacer. Así que no te culpes. –Me levanté y fui a su lado, abrazándome a su inmortal cintura.
-Kara…, yo…, me erigí en juez y jurado, dicté sentencia y la ejecuté. No soy quién para eso. –Sostuvo mi rostro entre sus manos y sus maravillosos ojos me suplicaron clemencia, cuando desde el principio se habían ganado mi perdón. Nunca le juzgaría y mucho menos le condenaría. Le amaba, por encima de todo. –Soy un monstruo.
-No, no lo eres. El monstruo hubiera matado a los ocho humanos. Tú, el ángel, salvaste a los tres inocentes de las garras de cinco monstruos. –Y me puse de puntillas, para poder llegar a sus carnosos labios. Él agachó la cabeza y me besó, dulcemente.
-¿No te doy asco? –Me preguntó, todavía con el temor a mi rechazo dibujado en sus azulinos ojos.
-No Chris. ¿Te lo daría yo? Porque, créeme si te digo, que hubiera actuado igual que tú.
-Tú jamás me darás asco. Eres,… eres tan maravillosa que ni  te atreves a juzgarme. Te amo. –Y sus perfectos y fríos labios me volvieron a cubrir de castos y tiernos besos. Pasó uno de sus robustos brazos por debajo de mis rodillas y otro por mi espalda. Me llevó en brazos de vuelta a la cama. Nos recostamos en ella, mientras sus labios no dejaban de besarme, inocentemente al principio, febril y apasionadamente después. Sus manos comenzaron a acariciar mi espalda y una de ellas descendió por mi cadera y mi muslo derecho, obligándome a entrelazar la pierna a la suya y a pegar mi pelvis a la suya. Comencé a jadear, tratando de llenar mis pulmones de aire, y me recordé a mí misma que no debía rodearle con mis piernas. Mi corazón se desbocó ante la posibilidad de que me concediera mi ansiado deseo de ser suya, y su nívea piel comenzó a arder. Me hizo rodar y caer sobre mi espalda. No recostó su peso sobre mí, sino que sus titánicas piernas lo hicieron. Me rodeó por la espalda, obligándome a arquearme y sentí sus labios sobre mi cuello. Gruñó y por poco me descontrolo, cuando sentí su mano ascender por mi espalda, por debajo de la camisa, llegando a la altura de mi sujetador.  Uno de sus letales colmillos rozó la piel de mi cuello. Su pecho bramó. Y de pronto me soltó. –Lo siento. –Dijo cerrando sus ojos, rojos como el fuego del averno.
-¿Sigues hambriento? –Pregunté cuando recobré el control de mi respiración y el normal latido de mi desquiciado corazón. Él había bajado de encima de mí y estaba tumbado a mi lado, con los ojos cerrados, y se pinzaba la nariz con dos de sus dedos tal y como había hecho el día que había llegado.
-No, no tengo hambre. Ni sed. Pero tu olor, tu aroma sigue siendo demasiado tentador para mí. Y si lo uno a tu sabor,…  -Suspiró. –Yo creí que si me alimentaba lo suficiente me sería más fácil estar junto a ti. –Abrió los ojos, azules de nuevo, y me los clavó en lo más profundo de mi alma. –Despiertas al hombre con más fuerza de lo que despiertas a la bestia.
-Lo siento. –Musité.
-¿Por qué? ¿Por socavar mi autocontrol? –Dijo mientras su mano se ponía bajo mi mentón y me obligaba a mirarle a los ojos. –Nunca te culpes por ello. Llegará el día que mi autocontrol sea lo suficientemente fuerte para darte lo que ambos deseamos. Pero de momento tendremos que esperar. –Y me volvió a rodear entre sus brazos, tirando de mí y haciéndome caer entre ellos.- Ven aquí. –Dijo, besándome delicadamente.- ¿Qué has estado haciendo en mi ausencia?
-Poca cosa, la verdad. –Dije ocultando mi rostro. Sentí cómo mi corazón se aceleraba y cómo me sudaban las manos. Levanté el muro de mi cabeza. No quería que tratara de meterse en ella sin mi permiso.
-¿Qué ocurre? –Me preguntó mientras me obligaba, nuevamente, a mirarle a los ojos.
-Nada. –Traté de apartar mi mirada, pero sus inmensos ojos lapislázuli ya me habían capturado, haciendo inútil cualquier intento de oposición por mi parte.
-Ahora la que miente eres tú. Dime qué ha ocurrido en mi ausencia. –Su aterciopelada voz me acarició los sentidos y su inmensa y devota mirada socavó mi resistencia.
-Hassan. –Musité. Y su pétreo pecho bramó con más fuerza que nunca. –Vas a despertar a Victoria. –Le recriminé. Sus preciosos ojos eran inmensamente rojos.
-El menor de tus problemas es que despierte a Victoria. –Su armónica voz, esa tan melodiosa que se había convertido en mi más especial melodía, había desaparecido. Ahora era espectral. La furia y la ira se habían hecho más que patentes en su rostro, dejando de ser por unos breves momentos angelical para tornarse demoníaco. –Prometiste portarte bien, Kara. ¿Qué pretendes, qué te maten o sacarme tanto de mis casillas que sea yo quien lo haga?
Estaba realmente furioso. Su voz seguía siendo espectral, sus ojos eran más rojos que nunca y sus colmillos refulgían tras sus carnosos labios cuales hermosas perlas asesinas. Sus letales uñas estaban afiladas. Era más demoníaco de lo que había sido jamás. Hubiera asustado a cualquiera, excepto a mí. Sabía de sobra que no me haría daño.

viernes, 12 de agosto de 2011

Recordatorio CACERÍA (XIII)

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CACERIA
Me acompañó hasta la puerta de casa, pero no entró. Se fue al hotel a cambiarse de ropa y a prepara la maleta. Otro atrezo. Si se iba de viaje de negocios, lo más lógico era que se llevara una maleta.
Me di una ducha fría. Había sido el mejor día y la mejor noche de toda mi vida. Y mi desquiciada y febril mente soñó con todo lo que le hubiera gustado que ocurriera, si realmente el autocontrol de Chris hubiera sido socavado por el deseo de tenerme. Me obligué a mí misma a no pensar más en ello, temerosa de que mi humano corazón sufriera un colapso.
Me costó horrores sacar a Victoria de la cama. Al parecer, esa noche había salido con unos amigos, que si yo los conocía, no los recordaba.
Victoria no toleraba demasiado bien el alcohol y al parecer aquella noche se había ido de cena y a tomar unas copas. Con una cerveza y una par de combinados había tenido más que suficiente para emborracharse.
La saqué a empujones de la cama y la metí debajo de la ducha, mientras preparaba café. Chris volvió y llamó a la puerta. Le abrí y me lancé en sus brazos, como si hiciera un siglo que no le veía, cuando apenas había pasado una hora escasa.
Victoria se sorprendió al verlo allí, pero no dijo nada. Le dolía demasiado la cabeza. Le puse un café bien cargado delante y le pasé un par de aspirinas. Por su semblante, estaba segura de que las iba a necesitar. Estaba espantosa.
(...)
Aquella noche dormí lo habitual en mí, o sea, unas escasas cinco horas, pero que me sentaron de maravilla. Tuve el mejor despertar posible, porque en cuanto abrí los ojos, su maravillosa sonrisa brilló en mitad de la oscuridad, dejándome ver sus prefectos y blancos dientes, cuales perlas brillando al reflejo de la luna. Me estrechó con dulzura entre sus brazos y me besó, esta vez, apasionadamente. Me acurruqué contra su pecho, abrazándolo con fuerza, en cuanto recobré la respiración.
-¿Qué piensas?- Me preguntó, mientras sostenía mi rostro con exquisita devoción entre sus robustas manos.
-En que te voy a echar un motón de menos.- Pasé mis temblorosas manos por su perfecto rostro angelical.
-Y yo a ti. No sabes cuánto me duele separarme de ti- Dijo, mientras depositaba otro casto beso en mis labios.- Creo que me empiezo a inmunizar a tu olor. Cada vez me cuesta menos estar cerca de ti, y me es más costoso estar sin ti.
-¿Por eso no respiras, verdad?
-¡Me pillaste!- Dijo con la mayor de sus sonrisas en su rostro.- Pero no, es verdad. No respiro porqué aquí tu aroma es muy fuerte, está impregnado en cada objeto. Pero mientras dormías he inhalado pequeñas bocanadas de aire. Y aunque te efluvio me sigue quemando la garganta como un lanzallamas, y despierta el más voraz de mis apetitos, cada vez me cuesta menos trabajo controlar mi instinto.- Me envolvió con más firmeza entre sus brazos y me besó en el cuello. Rodeé su ebúrneo cuello con mis brazos y entrelacé mis dedos a sus sedosos y dorados cabellos. Sus oceánicos ojos me observaron con devoción infinita y con amor desmedido. Se me clavaron hasta lo más profundo de mí ser, acariciándome el alma y haciendo estremecer. Sus manos comenzaron a acariciar mi espalda, por debajo del pijama. Eran frías, como dos trozos de puro hielo. Temblé, pero no de frío, sino de placer. Me encantaba sentir el sedoso tacto de su nívea piel en mi cuerpo. Nuestras piernas se entrelazaron y mi cuerpo se moldeó como si fuera plastilina al suyo, escultural y perfecto. Sus dos pedazos de océanos seguían fijos en mi rostro. En el nulo espacio que quedaba entre nosotros, una enorme corriente eléctrica fluía, erizando todo mi vello. Mi corazón comenzó a desbocarse y las hormiguitas y las mariposas regresaron a mi cuerpo y a mi estómago.
-Tranquila, no voy a llegar hasta el final.- Me susurró en mi mente, cuando sentí que sus manos dejaban de recorrer mi espalda, para acariciar mi cintura y mi cuello. Sus labios se depositaron en el arco de mi cuello y llegué a sentir el suave roce de uno de sus letales colmillos.
-¿Y por qué haces esto? Me va a dar un ataque, Chris.- Musité cuando conseguí recuperar el aliento.
Sonrió, mientras volvía a mirarme a los ojos. Sus tersas yemas acariciaron mi rostro con exquisita dulzura.
-Sólo quiero llevarme lo máximo de ti. Estar sin ti va a ser un verdadero suplicio. Estos cuatro días me van a parecer una eternidad.
-Para mí también va a ser horrible estar sin ti.- Dije acariciando su adónico rostro. Esta vez fui yo quién le dio un suave beso en los labios, reptando por su pecho.
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(...)
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Se detuvo a escasos cinco metros de mí, y sus hambrientos ojos recorrieron mi cuerpo de los pies a la cabeza, mientras se relamía los labios y su pecho gruñía levemente. Alcé la cabeza y sonreí maliciosamente.
-Sí crees que me vas a asustar con esos ruiditos, vas muy mal encaminado. ¿Hassan, no?
Se sorprendió de que supiera su nombre. Qué hubiera averiguado que era, eso era asumible por su parte, teniendo en cuenta que yo era una cazadora y sabía reconocerlos entre los humanos, pero que conociera su identidad, eso ya no era tan asumible por su parte.
-¿Cómo sabes mi nombre?- Su voz era cantarina, pero para nada tan hermosa como lo era la melodiosa voz de mi inmortal ser.
-Tenemos un conocido en común. -Dije mientras de un pequeño salto bajaba de la piedra y estiraba todos mis músculos, como si me aburriera.- ¿Qué haces aquí?
-Cazar. No es obvio.- Y se relamió de nuevo los labios. Me volvía reír.
-¿Y crees que me vas a cazar a mí? ¡Pobre infeliz!- Me mofé de él, y le enseñé mis mortíferas uñas.
-Bueno, según tengo entendido, estás un poco desentrenada.- Él también alargó sus uñas. Y sonrió, muy pagado de sí mismo.- Hueles muy bien, por cierto.- Y me enseñó sus letales colmillos.
-Sí, eso dicen. Lo tomaré cómo un cumplido.- Cogí una piedra, del tamaño de una pelota de golf, y la estrujé entre mis dedos. Medio segundo después, simplemente era arena.- Respóndeme a una cosa, ¿Quién te habló de mí?
-Un tal Jake, ¿por qué?- Su inmortal pecho rugió con más fuerza. Estaba realmente hambriento, probablemente más de lo que estaba el mismo Chris antes de partir de cacería
-Tranquilo gatito, tranquilo.- Dije clavándole mis ojos. En el espejo de los suyos, comprobé que era más cazadora de lo que jamás había sido. En mi cara, allá donde se suponía que debía haber un par de ojos ámbar o negros, refulgían dos llamas, rojas como el fuego del averno. Hassan tembló sutilmente, pero luego, su instinto depredador volvió a tomar el control.- ¿Fue él quién te dijo que yo estaba desentrenada?
-Sí.- Se mordió el labio inferior. Reamente estaba famélico.- ¿Te interesa en especial?
-La verdad, no. Pero deberías cambiar de fuente de información. Está un poco desfasada. Sobre todo si tenemos en cuenta que mi padre no sabe nada de mí desde hace catorce años.- Hassan abrió los ojos como platos.- ¿¡Ah!, qué no sabías que era mi padre? Éste Jake, siempre tan despistado.- Di un par de pasos, con andares de absoluta despreocupación.- O tal vez no le convenía decirlo. Sobre todo si lo que pretendía era despertar tu curiosidad. ¿Te contó algo más?
-La verdad es que no. Simplemente me dijo que si tenía hambre, aquí encontraría el más exquisito de los platos. A ti.
-¿Pero ya te habían advertido de que el territorio estaba vetado? ¿Cómo se te ocurre desafiar una orden de ellos?
La incertidumbre volvió al rostro de Hassan. Yo poseía más información de la que él sospechaba.
-¿Conoces a Lucian y a Chris?
-Por supuesto. Me crearon para matar al último. ¿No te lo contó Jake?
-Algo me comentó. Dijo que nunca cumpliste tu cometido.- Dio un paso hacia mí. Su pecho rugió nuevamente.
-Cierto, no lo cumplí.
-¿Por qué? -Un milímetro más cerca.
-Las preguntas la hago yo. Estás en mis dominios.- Y gruñí. Hassan dio un paso atrás.
-Creo que deberías saber que Chris también anda por aquí.
-Lo sé.- Di un paso hacia él. Sentí el aroma a miedo en la piel de Hassan. Eso despertó el último resquicio dormido de la cazadora que llevaba dentro. O tal vez el último rescoldo de mi demoníaca esencia. Y tuve sed. Él lo vio, vio mi ansia de matar, mi deseo de segar su vida, el poder que yo tenía, y tembló. Ya no estaba seguro de sí mismo. Una pena que no se hubiera dado cuenta antes. -Sabes Hassan, no me importaría dejarte marchar si las circunstancias fueran distintas, pero -di un paso más hacia él –me temo que eso va a ser imposible.
-¿Por qué?- Seguía con las uñas fuera y con sus colmillos despuntando tras sus labios. En él quedaba la esperanza de salir airoso de nuestro encuentro. Nada más lejos de la realidad.
-Verás, has desobedecido a Lucian, -avancé unos cinco centímetros –y siento un gran aprecio por él. Somos amigos. –Hassan abrió más los ojos. –Has osado no obedecer una orden de Chris, -gesticulé un no con uno de mis finos dedos, cuando dio un paso atrás para salir corriendo. –Y sí te vuelves a cruzar con él y le dices que tú y yo hemos estado hablando, me veré metida en un lío. No es que me importe lo más mínimo lo que te vaya a pasar a ti, pero no quiero que se enfade conmigo.
-O sea, ¿qué le temes?- Dijo creyendo ver un punto débil en mí.
-¿Temer? ¿A Chris? –Rompí a reír. Mi carcajada lo asustó. –No, no es eso. Le prometí que me portaría bien, y que no iría de caza mientras él estaba fuera. Y, obviamente, no estoy cumpliendo mi palabra.
Hassan seguía sin entender del todo. La incomprensión se dibuja perfectamente en su hermoso rostro.- ¿Prometido?
-Sí. Verás hay algo que deberías saber. El domingo, cuando te cruzaste con Chris, en el bosque, yo estaba allí. –Di un paso más, tensando los músculos para saltar. –Y él lo sabía. De hecho, Chris te hubiera matado sin contemplaciones, de no haber estado yo agazapada tras el árbol dónde él se apoyaba. Es muy protector. –Me moví tres centímetros más. Estaba lo suficiente cerca como para que no le diera tiempo a nada, antes de que yo saltara sobre él. El deseo de matar era muy fuerte en mi pecho. El olor a miedo me quemaba la garganta. Se me hizo la boca agua.
-¿Protector? –Hassan estaba absolutamente paralizado por el miedo y la curiosidad. Me relamí los labios. Iba a ser tremendamente fácil acaba con aquel niño.
-Sí. Él es,… ¿cómo llamarlo?… excesivamente protector con aquello que ama. Y a mí, me ama, al igual que yo a él. Por eso no cumplí mi cometido. Somos… ¿cómo lo llamáis?… pareja.
-¿Pareja?- Musitó alucinado. –El más mortífero de nosotros y la más letal de los cazadores.- Pensó
-¿Bonita pareja, no crees? ¿Te contó Jake con qué me crearon? Eso explica que yo sea tan buena.
-No.- Aquel inmortal ser estaba completamente aterrorizado. –Sólo me dijo que tu fuerza, tu luz y tu sangre bastarían para saciarme durante décadas.
-Sí, algo de eso me contó Chris. Pero debió decirte que eso se debe a que fui creada a partir del material genético de Chris, haciendo que adquiriera no sólo la fuerza necesaria para matarlo, sino también su habilidad para la caza y alguno de sus dones.
-No le diré que te vi. A nadie. –Pedía clemencia.
-Lo siento, pero no correré el riesgo. No me gustaría estar tres o cuatro días enfadada con Chris, y tampoco que le fueras con el chisme a Lucian o a Jake. Deberías haberlo pensado mejor. Si desafías a Chris, me desafías a mí. No te dolerá.




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miércoles, 10 de agosto de 2011

Recordatorio INTRUSO (XII)


INTRUSO
A la mañana siguiente, temprano, abrí los ojos. El sol comenzaba a salir y sus rayos entraban por el hueco que había dejado la pared al derrumbarse siglos atrás. Me apreté un poco más contra el escultural cuerpo de Chris, mientras dejaba que su varonil aroma me embriagara. Sentí cómo sus dedos seguían acariciándome el brazo y el cuello. Entrelacé una de mis piernas a las suyas y restregué suavemente mi mejilla contra su pecho. Suspiré y él me habló.
-Buenos días.- Me susurró, mientras me daba un beso en la coronilla.- ¿Qué tal has descansado?
-Dímelo tú. Seguro que lo sabes mejor que yo.- Alcé la cabeza y miré a lo más profundo de sus hermosos ojos. Sonrió, y entonces salió el sol para mí. Porque mientras Chris no estaba a mi lado, me rodeaba una oscuridad infinita. Sólo cuando él estaba junto a mí, el sol volvía a brillar. Se dio la vuelta y se puso sobre mí.
-Veamos, hasta las tres de la madrugada tu sueño ha sido tranquilo.- Me volvía a acariciar el rostro. Mi corazón comenzó a latir desbocadamente. Sonrió, lo cual quería decir que lo había escuchado.- Sobre esa hora te has agitado un poco y has pronunciado varias veces mi nombre. Por un momento creí que te habías despertado, o que tenías esa pesadilla de nuevo, así que te di un par de besos en la cabeza y te susurré para que te durmieras. -Besó mi frente, dulce y suavemente. Su pecho rugió, fantasmagóricamente.- Juraría que por una millonésima de segundo se te ha parado el corazón, cuando te besé en los labios mientras dormías. Luego todo volvió a la normalidad y te quedaste tranquila. Hasta ahora, que te has despertado.- Dijo poniendo su ardiente mano sobre mi pecho, justo a la altura de mi alocado corazón, sonriendo. Definitivamente estaba escuchando su desbocado latido.
-¿Me besaste en los labios mientras dormía?- Asintió. Le di un suave puñetazo en el hombro, que probablemente ni notó.- No lo vuelvas a hacer.- Le dije enfurecida. Juntó las cejas y me miró contrariado.- No me quiero perder ni uno de tus besos.- Dije mientras sonreía maliciosamente. La carcajada de Chris retumbó por todo el bosque.
-Eres tan humana.- Deslizó una de sus manos por mi nuca.- Eso tiene remedio.- Y fundió mis labios con los suyos, apasionadamente. Le agarré por el cuello y le estreché contra mí. Luego Chris me soltó de golpe, clavando sus manos a cada lado de mi cabeza y estirando los codos, irguiendo así su torso. Me miró fijamente y pude ver cómo en sus ojos brillaba el fuego del averno. Jadeé, ya que se me había olvidado respirar nuevamente. Sonreía, y el infernal brillo de sus ojos relucía con más fuerza. Su pecho de alabastro gruñó con fuerza y supuse que necesitaba espacio.
-¿Ha sido muy duro?- Le pregunté mientras le miraba dulcemente. Asintió. Creí que se levantaría y se apartaría de encima de mí, pero no lo hizo, así que acaricié su perfecto y marfileño rostro con dulzura, tratando de mitigar el dolor que él sentía.- ¿Cómo de duro?- Quería saberlo, que compartiera conmigo su sufrimiento, llevar entre los dos la carga.
-He sentido la tentación de matarte en varias ocasiones.- Recostó su cabeza sobre mi pecho, sobre mi corazón.- Pero luego he recordado que quiero seguir escuchándolo durante un poco más de tiempo. Es el más hermoso sonido que haya escuchado en mi vida. Eso sí que lo voy a echar de menos.- Cerré los ojos y me concentré en el latido de mi corazón, consiguiendo de ese modo que volviera a latir a su normal ritmo.- Entonces he tenido que refrenar mi creciente deseo de hacerte mía.- Me rodeó por la cintura con uno de sus brazos, obligando me a arquear ligeramente mi espalda.- No te muevas.- Me ordenó. Su mano me desabrochó los dos primeros botones de mi camisa, la que llevaba bajo el suéter, y sus dedos acariciaron el medallón que colgaba de mi cuello. Acarició la base de mi garganta con su perfecta nariz, aspirando mi efluvio. Oí cómo su pecho rugía con fuerza y sentí cómo su mano temblaba mientras me acariciaba el rostro. El tacto de sus ardientes labios sobre mi suave cuello hizo que temblara de los pies a la cabeza. Recorrió todo mi cuello con sus labios, dándome suaves y cálidos besos, hasta que se detuvo. Me miró a los ojos y vi cómo los suyos brillaban. Jamás habían brillado de esa forma. Eran infinitamente azules y febriles al mismo tiempo.- ¡No sabes cuánto te amo y te deseo!- Y fundió aquellos carnosos labios con los míos. No fue para nada un casto beso. Chris entreabrió sus labios y su lengua buscó a la mía. Me aferré a su cuello y me tuve que concentrar en no rodearle con mis piernas. Sus manos me apretaban con fuerza contra su pecho con demasiada fuerza. Me daba igual, si tenía que morir, que mejor forma que aquella, entre sus brazos. Pero me soltó, mientras aspiraba y mi aroma le sacudía. Gruñó, pero no era la bestia el que lo hacía, era el hombre. Arrugó los labios y cerró los ojos por un momento. Volvió a poner sus codos rectos, separando su torso de mi pecho. -Te había dicho que no te movieras. -Me recriminó, con una media sonrisa en su rostro.
-Y yo te dije que no me besaras así.- Le sonreí pícaramente. Sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco.
(...)
Su pecho rugió con fuerza. Se dejó caer al suelo, aterrizando como si fuera un felino y me tumbó en el mismo.- No te muevas ni un milímetro.- Me ordenó la espectral voz. Dejó la mochila a mi lado y rodeó el árbol. Se apoyo en su tronco y cruzó los brazos sobre su pecho. Realmente parecía un ángel de la destrucción, hermoso, divino, peligroso y letal, esperando a su víctima.- Trata de no respirar muy fuerte. Y nada de tonterias.- Me susurró.
¿Qué pasa Chris?
Obedece, para variar. Lo entenderás en unos segundos. Kara, no estoy bromeando, controla tu respiración.
Me concentré en mi respiración, tratando de serenarla y de calmarla. A los pocos segundos oí cómo alguien se acercaba. Venía a una velocidad inhumana, pero se detuvo en seco en cuanto vio a Chris, sorprendido, supongo. Se hizo un incómodo silencio, que aproveché para agudizar mis sentidos, como cuando me dedicaba a cazar a los que eran como Chris. Escuché y olfateé. Se oía un ahogado gruñido, que no era el de Chris. Ese fantasmal sonido lo reconocería entre un millón. Olí el inconfundible aroma de Chris, pero había otro aroma en el ambiente. Era otro ser como Chris. Por eso me había pedido que estuviera quieta. No me moví, pero saqué a la cazadora que llevaba dentro, disponiéndome a atacar si Chris estaba en peligro. Mis ojos se tornaron negros, mis manos se convirtieron en dos zarpas, con largas y afiladas uñas, y mis colmillos salieron a la luz. Todos mis músculos se tensaron y noté cómo mis huesos se tornaban duros, como si fueran de diamante. Mi parte morwin, mi decima parte inmortal, mi demoniaca parte salió a la luz. ¡Pobre de aquel ser como se atreviera a tocar a Chris!
-¿Quién eres?- Dijo mi inmortal y protector ser. Su voz era seca y cortante, gélida como el frío viento helado y sobre todo autoritaria. En el ambiente se respiraba el peligro.
-Me llamo Hassan. ¿Y tú?- Su voz era melodiosa, aunque no tanto como la de Chris.
-Soy Chris. ¿Qué haces por aquí?- Más rudeza en su voz, más peligro en el ambiente. Contuve la respiración. No necesitaba tanto aire.
-No sabía que el territorio estuviera ocupado. Y mucho menos por ti.
-¿Así que te han hablado de mí?- Cada vez se parecía más a un peligroso inmortal que a un maravilloso ángel.
-Sí. Sé quién eres.- El tal Hassan parecía despreocupado.
-Y sí sabes quién soy, ¿por qué estás aquí?- La voz de Chris sonaba amenazadora. Me dio miedo hasta a mí. Su escasa paciencia se agotaba. Probablemente, si yo hubiera estado allí, hubiera eliminado a ese ser que osaba desafiarlo. Porque en este mundo, los únicos que podían desafiarlo sin temer ser eliminados eran los miembros de su familia, incluido Lucian.
-No sabía que estabas aquí.
-Independientemente de que yo esté o no esté aquí, este territorio está vetado. ¿O eso no te lo contaron cuando te hablaron de mí?- ¿Qué quería decir aquello? Ellos no tenían ningún territorio vetado. El mundo no tenía fronteras para ellos. Cazaban donde les apetecía.
-Sí, pero me picó la curiosidad. ¿Por qué no dejas que cacemos por aquí?
-Tengo mis motivos.- Y tanto. Ese motivo soy yo. Pensé. Kara, estate quieta. Me increpó. Me había movido un milímetro.
-¿Qué ocurriría si cazara por aquí?
Aquel ser estaba mal de la azotea. Estaba retando a Chris, al más poderoso de ellos, al más despiadado, al más peligroso, al más letal.- Sencillo, te mataría y fin del problema.- Lo dijo tranquilamente, fríamente, sin atisbo de duda. El pecho de Chris rugió con más fuerza que nunca. Aquel sonido era la más peligrosa de las amenazas. Era como si estuvieras delante de un cartel luminoso y luces parpadeantes en el que se pudiera leer la palabra PELIGRO.- ¿Cuántos años tienes?
-¿Mortales o inmortales?
-La paciencia no es una de mis virtudes. Responde.- No podía verle los ojos, pero sabía que eran rojos como el fuego del averno. Probablemente más rojos que nunca.
-Soy inmortal desde hace trece años. Me transformaron cuando tenía veinte.
Muy joven, por eso no me teme. No tiene ni idea de lo que soy capaz. Me dijo Chris. Podía ver su sombra, y seguía apoyado en el tronco del árbol con los brazos cruzados. La tranquilidad que él reflejaba daba auténtico miedo. Parecía la calma que antecede a la tempestad.- ¿Quién te creó?
-No lo sé.
-¿Y quién te habló de mí?
-Un tal Lucian.- Se me paró el corazón al oír aquel nombre.- Él también me advirtió que si cazaba por aquí me mataría. ¿Me explicas que hay en esta zona para que los dos lo tengáis vetado?
-Confórmate con que te deje marchar de una pieza. No quiero volver a verte en esta zona jamás. Y lo digo muy seriamente.- Su voz se había vuelto aun más dura, seca y cortante.
-Está bien, me marcharé. Lucian me advirtió de que no era buena idea hacerte enfadar.
-No, no es buena idea, créeme.-Su voz era fría como el hielo, cortaba como un cuchillo.- Haz caso al consejo de mi hermano. Así que da media vuelta y lárgate por dónde has venido.
-Una última pregunta. Me dijeron que por aquí había una cazadora muy peligrosa. ¿Es eso cierto?
-Sí, así es.- Sentí el creciente nerviosismo de Chris. Aquel tipo lo estaba desquiciando, y aquello no era buena idea. ¿Quién le había hablado de mí? Lucian no podía haber sido. No si le había amenazado de muerte por atreverse a cazar por aquí.
-¿Quién es?- Era obvio que aquel tal Hassan era muy curioso. Y la curiosidad mató al gato, pensé.
-Eso son dos preguntas. Lárgate.
-No debe ser tan peligrosa cuando tú sigues vivo. Me dijeron que ella es la única capaz de matarte.
-No tengo porqué darte explicaciones, pero créeme si te digo que si te cruzas en su camino, no durarás más que unos segundos en sus manos. Es muy, pero que muy buena. Y ahora, fuera. Me has interrumpido.
-Como quieras. Ya me voy. Espero que, sea lo que sea lo que estuvieras haciendo, se te dé bien. Hasta pronto.
-Di mejor hasta nunca. No me pienso mover de este territorio, y si te vuelvo a ver por aquí, no seré tan condescendiente. No me pararé a preguntar, simplemente te eliminaré, ¿entendido?- Añadió aquella última frase mientras su pecho rugía con fuerza, como un león a punto de atacar. Hassan estaba a punto de marcharse, cuando Chris le detuvo.-Un momento Hassan, ¿quién te habló de ella?
-Un tipo llamado Jake. ¿Por qué?-Bufé levemente al oír aquel nombre. ¡Maldita sea Kara; quieta! Me gritó Chris. Estaba a punto de saltar.


domingo, 7 de agosto de 2011

Recordatorio Deseo (XI)


DESEO
Permanecimos un rato allí, abrazados el uno al otro, deseando que el tiempo se detuviera, pudiendo prolongar aquella sensación de paz hasta el infinito. Luego, cuando el gruñido del pecho de Chris delató su falta de control, me separé un poco de él. No quería ponérselo difícil, y que se arrepintiera de lo que me acababa de conceder y decidiera llevarme de vuelta a la ciudad. Quería estar con él todo el tiempo que pudiera. Bajamos, del mismo modo en que habíamos subido, o sea, de un salto mientras yo estaba en sus brazos y fuimos a dar un paseo por los alrededores. Andábamos tranquilamente, y tan pronto me pasaba un brazo por mi cintura, como se alejaba de mí, dependiendo de la ansiedad que sintiera en ese momento.
-¿Puedo preguntarte algo?- Íbamos por la parte más frondosa del bosque.
-Sabes que me puedes preguntar lo que sea. ¿Qué quieres saber?
-¿Me dirás algún día de qué color es mi luz? -Me picaba la curiosidad.
-Roja, de un hermosísimo rojo escarlata. Y muy brillante, cegadora, diría yo. Jamás he visto ninguna otra luz de ese color ni con ese brillo.- Me cogió por la cintura y me acercó a él, obligándome a rodear su inmortal cintura con uno de mis brazos.- Puede que eso se deba a que no existe nadie como tú en todo el mundo.-


(...)

Me incliné sobre él, recostándome sobre su pecho de mármol, acariciando su perfecto rostro con mi temblorosa mano. Estaba excitada ante el beso que me había dado. Me acarició una mejilla con su nervuda mano, mientras rodeaba mi cintura con su brazo y me obligaba, de nuevo, a tumbarme sobre mi espalda, al tiempo que mis piernas envolvían sus caderas. Me miró con devoción, con amor y con deseo. No te muevas. Me ordenó. La mano que me había estado acariciando la mejilla, se deslizó suavemente por mi cuello, las aterciopeladas yemas de sus dedos rozaban mi cálida piel, hasta llegar a la base de mi garganta. Aspiró y mi dulce aroma lo sacudió con fuerza. Su pétreo pecho rugió y apretó los labios, evitando que sus colmillos se vieran. Me obligó a inclinar mi cabeza hacia atrás, y muy lentamente, agachó su cabeza. Sus carnosos labios se depositaron en mi cuello, en el arco de mi garganta, allí donde mi efluvio se concentraba con mayor fuerza. Abrí los ojos y vi como los suyos eran infernales. Luego me besó la barbilla, mientras yo jadeaba. Una de sus manos me cogió por la nuca y me obligó a poner la cabeza recta. Mi corazón latía desbocadamente, mi respiración era agitada y descontrolada, y todo mi ser temblaba. Era una muñequita de trapo entre las garras del mayor depredador del mundo. Su mano se perdió por debajo de mi suéter, acariciándome la cálida piel de mi cintura. Seguía jadeando mientras sus ardientes labios seguían besando mi cuello. Mis dedos se entrelazaron a sus dorados cabellos y cerré los ojos. Dejé que aquella placentera corriente eléctrica recorriera mi cuerpo y que me estremeciera, que me sacudiera de los pies a la cabeza. Sentí su peso sobre mi cuerpo y cómo una de sus manos tiraba del cuello redondo de mi suéter y de la camisa, para depositar sus febriles y ardientes labios sobre mi clavícula. Luego, alzó la cabeza y sostuvo mi rostro entre una de sus fuertes e inhumanas manos. No te muevas. Me volvió a ordenar. Y me besó. Sus carnosos labios se fundieron con los míos, se entreabrieron y su lengua buscó la mía. Su aliento me abrasó la garganta, inundando mis pulmones de aire caliente. Una de sus manos seguía perdida en la suavidad de la piel de mi cintura, mientras la otra me sujetaba por la nuca. Me aferré a él, como quien se aferra a la vida, y deslicé una de mis manos por la piel de su espalda. Ardía, como si hubiera estado todo el día al sol, excepto donde estaba la cicatriz. Entrelacé mis piernas a su cintura con más fuerza y pegué más mi cuerpo al suyo. Su mano dejó de acariciar mi cintura para que su brazo me aferrara por la espalda. Me arqueé y volví a jadear. Todo el vello de mi cuerpo estaba erizado, y a duras penas conseguía respirar. Y Chris seguía besándome apasionadamente. De pronto, su pecho gruñó y sus colmillos se asomaron. Abrí los ojos y vi como mi hombre se había transformado en mi bestia. Debía soltarle, debía dejar que mis piernas no siguieran reteniéndolo contra mi cuerpo, pero no podía. Quería más, llegar hasta donde tuviéramos que llegar. Me sujetó el rostro con una de sus manos, rozando la piel de mi cara con sus mortíferas y afiladas uñas. Su otro brazo me seguía sujetando por la espalda, manteniéndome arqueada. Echó mi cabeza hacia atrás y sentí como uno de sus letales colmillos rozaba mi cuello. Volví a jadear y mi aroma le sacudió con fuerza. Mi corazón estaba al borde del colapso. A mi manera, Kara, ¿recuerdas? No quería recordar, quería más de él, de los dos, de mi hombre y de mi bestia. Suéltame, estoy descontrolado. Abrí los ojos y le miré a la cara. Tenía razón, estaba totalmente fuera de control. Ambos jadeábamos, yo de placer, el de necesidad. Necesitaba mi aroma, porque en ese momento yo no estaba entre los brazos de un hombre, era la presa entre las garras de un depredador. Suéltame o acabaré matándote. Kara, no es una petición, es una orden. ¡Suéltame! Y aflojé mis piernas, liberando su inmortal cintura. De un salto se puso de pie, cerró los ojos y dejó de respirar. Me quedé temblando, tirada sobre el saco, jadeando. Haz el favor de controlarte y calmar el ritmo de tu corazón, o me lanzaré de nuevo sobre ti. Y esta vez no sé si podré parar. Aspiré profundamente y solté el aire de mis pulmones lentamente. Le ordené a mi cuerpo que dejara de temblar y obedeció. Chris seguía de pie frente a mí, con los ojos cerrados y sin respirar. Observé que sus uñas se había retraído, pero su rostro seguía siendo duro y apretaba los labios con fuerza. ¿Te he herido? Su voz sonaba angustiosa en mi mente. Me levanté el suéter para observa mi cintura. No había arañazos. Palpé mi cuello y noté que no había nada distinto, ninguna marca de colmillo.

sábado, 6 de agosto de 2011

Recordatorio Historia (X)


HISTORIA
Y llegó la mañana del sábado. Temprano, a eso de las siete de la mañana, me sonó el móvil. Era él.
-Buenos días. ¿Has descansado?- Su voz acarició mi mente.
-Sí, no ha estado mal. ¿Qué tal tu noche?- Respondí al teléfono, desperezándome en la cama.
-No ha estado mal.- Sentí como su aliento me cosquilleaba en el cerebro. Incluso en la distancia, era capaz de hacerme temblar.- ¿Te gustaría acompañarme a un lugar? Es un sitio que siempre te quise enseñar.
-Por supuesto, Chris.- Pegué un brinco de la cama y me dirigí al armario.
-Ponte ropa cómoda. Y avisa a Victoria, tal vez no vuelvas a dormir. En unos treinta minutos estoy ahí. Te amo.- Y sentí como su voz abandonaba mi mente.
Me vestí con unos pantalones vaqueros y una camisa de color blanco, sobre la que me puse un suéter de color marrón chocolate. Me calcé unas confortables botas y salí de mi dormitorio, después de hacer la cama. Le deje una nota a Victoria en la cocina.
(...)
-¿De verdad sólo te resultó apetecible?- Le pregunté en un hilo de voz, arrepintiéndome enseguida de aquella frase. Bajé la cabeza al notar que me sonrojaba.
-¡Tonta!- Me puso una mano bajo mi barbilla y me obligó a mirarle a los ojos.- Nunca he encontrado a nadie que me resultara algo más que apetecible. Hasta que te conocí. Ya te lo dije Kara. Llevo mil años controlando a la bestia. Pero el hombre, sólo tú lo has logrado despertar.- Me tumbó sobre la hierba y se puso sobre mí. Sentí su calor y como su pecho rugía. Pegó su inmortal cuerpo al mío, estrechándome entre sus brazos.- Y no tienes ni idea de cómo me gusta sentir esto.- Sus labios se posaron sobre mi cuello. Ardían como el fuego que él llevaba dentro. Una de sus manos me acarició la piel de la espalda, mientras la otra se deslizaba por mi nuca. Sus labios dejaron de besarme el cuello para posarse, febrilmente, sobre los míos, abrasando mis pulmones con su ardiente aliento. De pronto me soltó y dio un enorme salto hacia atrás, quedándose en mitad de lo que era aquella estancia. Me miró atentamente, mientras yo trataba de recobrar el aliento.- Vas a conseguir que te tome antes de hora.- Me murmuró. Me puse en pie y me acerqué a él, lentamente. – Kara…- Gruñó.- No te acerques, estoy un poco descontrolado. Y me he propuesto llevarte de vuelta de una pieza. No me lo pongas más difícil.- Sus ojos brillaban como el fuego del averno, y sus colmillos asomaban tras sus carnosos y dulces labios.

viernes, 5 de agosto de 2011

Recordatorio Cambios (IX)


CAMBIOS
Aquella mañana fue un auténtico tormento. La cabeza no dejó de darme vueltas y hubo un momento en el que creí que me iba a explotar. No dejaba de pensar en el hecho de que Chris había permanecido junto a mí durante media noche, que había podido dormir entre sus brazos, sintiendo su dulce y varonil aroma cosquilleándome en la garganta, escuchando el suave ronroneo de su pecho.
Y a él le había gustado. Según sus palabras textuales, había sido su mejor noche en siglos y, teniendo en cuenta que tenía más de mil años, había tenido muchas noches. Se había sentido humano, y eso era algo bueno.
A media mañana fui al baño, para tratar de despejarme. Los números se me habían atragantado y no había manera de cuadrar cifras, ni gastos, ni presupuestos, ni nada de nada. Una vez más, me pregunté qué demonios hacía rodeada de números, si siempre los había detestado. Una vez, me contesté a mi misma que era mi manera de no recordar sin olvidar.
(...)
-¿Qué piensas?- Me preguntó mientras se acercaba a mí y me rodeaba entre sus brazos. Me dio un dulce beso en la frente. Sus ojos volvían a ser azules.
-Estaba pensando en que podía hacer algunos cambios en mi dormitorio. El color de las paredes y alguna que otra cosa. Ahora ya no necesito no recordar.- Y rodeé su cuello con mis esbeltos brazos. A sus preciosos ojos regresó la sombra de dolor.
-No viviré el tiempo suficiente para expiar el daño que te he hecho.- Dijo mientras sostenía mi rostro, con delicadeza, entre sus nervudas y fuertes manos. Sus dulces, carnosos y fríos labios se depositaron sobre los míos, mientras su pecho rugía, conteniendo a la bestia, mientras el hombre me regalaba, no sin un enorme esfuerzo por su parte, uno de esos exquisitos besos que tanto me gustaban y me enloquecían. Mi corazón comenzó a latir desbocadamente.

jueves, 4 de agosto de 2011

Recordatorio Humano (VIII)


HUMANO
Aquella noche tuve un sueño, un extraño y espantoso sueño, demasiado real para mi gusto. Hacía años que no soñaba y aquella pesadilla fue horrible.
Estaba en mitad de un bosque, rodeada de inmensos árboles, tan grandes y frondosos que apenas dejaban pasar la luz del sol. No podía decir qué hora del día era, porque la espesura del bosque me impedía percibir con claridad la luz.
Olía a sangre, a sudor y sufrimiento. Di una vuelta sobre mis talones y vi que atados a los árboles estaba la familia de Chris. Sus tres hermanastros, Drake, Keinan y Andros, su hermano Lucian y su padre adoptivo Helia. Todos inconscientes. ¿Qué hacían ellos allí? Fui corriendo a desatarlos, empezando por aquel al que quería como a un hermano, a pesar de que su amor por mí fuera distinto. Cuando me acerqué a Lucian me di cuenta de que el olor a sangre era porque estaban heridos.
-Lucian, Lucian.- Grité, mientras sostenía su cabeza entre mis manos. Estaba inconsciente.- Lucian, despierta. ¿Quién os ha hecho esto?
-¿Kara? ¿Eres tú?- Dijo al tiempo que abría los ojos, unos hermosos ojos azules, parecidos a los de su hermano, pero sin ser tan profundos ni arrebatadores.
-Sí Lucian, soy yo. No te muevas, voy a soltarte.
-No Kara, vete. Es una trampa. Estás en peligro. Corre, vete.- Sus ojos comenzaron a ponerse en blanco, como si fuera a perder de nuevo el conocimiento.- Vete amor mío. Tú tienes que salvarte.
-¡LUCIAN!- Grité. Pero era demasiado tarde. El hermano de sangre de mi único amor, se había vuelto a desmayar.
-Yo que tú no perdería el tiempo con ellos.- Dijo una voz que jamás había oído tras de mí. Era bastante dulce y de timbre cantarín, pero en él había unas notas de sarcasmo y chulería que no me gustaron. Mis instintos se despertaron y mis ojos se tornaron oscuros cual siniestra noche, dejando salir a flote a la cazadora que llevaba dentro. Giré sobre mis talones, con las manos retraídas como si fueran zarpas y noté cómo mis colmillos se alargaban.
-Yo, en tu lugar, tampoco haría eso.- Dijo el hombre que tenía ante mí. Era alto, aproximadamente de un metro ochenta y cinco, complexión atlética, cabellos negros y rizados, ojos grandes y negros y tez nívea. En un primer momento creí que era uno de ellos, uno inmortal como Chris y su familia, pero entonces me percaté que su piel transpiraba y unas gotas de sudor bañaban su frente. Iba vestido de negro, de los pies a la cabeza, y llevaba puesta dos cosas que me ayudaron a identificarle enseguida. Una larga gabardina de piel, negra, por supuesto, y un brazalete de cuero con la insignia de los cazadores incrustada.
-¿Quién eres?
-Él que os va a matar a todos.- Dijo con extremada prepotencia.
-No tienes ni idea de quién soy.
-Sí lo sé. Eres Kara, la cazadora que crearon para acabar con él.- Dijo señalando hacía otro árbol, donde Chris estaba atado y malherido.- Es una lástima que no hicieras tu trabajo. Ahora tendré que acabar con todos.
-CHRIS.- Grité con fuerza. Estaba inconsciente. Abrió los ojos y me miró, con esa devota mirada suya, acariciándome el alma, robándome el corazón, llevándose mi vida.
-Sálvate, mi amor. Siempre estaré junto a ti. Te amo.- Me dijo. Y aquel cazador le clavó un cuchillo en su marmóreo pecho, segando su inmortal vida.
-¡NO!- Grité, despertándome y saliendo de mi pesadilla. Estaba empapada de sudor, mojada de los pies a la cabeza, temblando y respirando entrecortadamente. Toda la cama estaba revuelta, ya que me había agitado mucho. Aquel maldito sueño había sido muy real, todavía sentía el olor a sangre incrustado en mis fosas nasales. Miré el despertador que había sobre la mesilla y vi que tan sólo eran las dos y media de la madrugada.
De pronto, mi ventana se abrió y, como una exhalación, Chris entró y vino a mi lado, dando un salto desde el alféizar y aterrizando limpiamente, sin hacer el menor ruido, a los pies de mi cama. En su rostro se dibujaba la preocupación.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Recordatorio Aceptación (Capítulo VII)

ACEPTACIÓN
Protesté.- Necesidades humanas que sólo tengo yo.- Me molestaba tener determinadas urgencias que calmar, cuando él no tenía ninguna.
-No, yo también.- Dijo mientras arrancaba. Fruncí el ceño. Él no tenía humanas necesidades. Me miró y resolvió mis dudas.- Llevo tres días con la misma ropa, y en algún lugar tendré que colocar lo que compré ayer.- Dijo señalando al maletero, donde todavía estaban las cajas.- Recuerda que voy a tratar de parecer un humano más.
(...)
-¿Prometes no enfadarte si te lo cuento?- Aquel día parecía el día de las promesas. Asentí. Sus ojos volvían a ser inmensamente azules.- Te mentí. Soy capaz de meterme en tu cabeza sin tu permiso.
-¿Qué?- ¡Ay, no!- Pensé. Aquello era horrible, significaba que sabía cada uno de mis pensamientos.
-Tranquila, no es lo que piensas.- Suspiré.- Verás, hace poco más de catorce años descubrí que mientras dormías yo podía escucharte. El problema es que no te puedo oír con la misma nitidez que cuando estás despierta y me dejas meterme en tu cabeza. Todo llega a mí como apagado y envuelto en una espesa neblina. Incluso a veces hay lagunas, grandes espacios negros y vacíos que no sé rellenar. Y de esa manera es de la que te he estado vigilando.
"Cuando dormías, que por cierto ha sido bien poco, podía ver, o mejor dicho, entrever como era tu vida. Tu trabajo, que ya me explicarás como has acabado de contable, tu madre, Victoria, algún conocido. Lo veía borroso, pero veía que tenías una vida. Hasta el viernes."
"Ese día estaba vigilando, tratando de oírte, cuando de repente dejé hasta de sentirte. Utilicé toda mi fuerza para buscarte, pero no había manera de encontrarte. Era como si hubieras desaparecido. Me entró un pánico increíble."
"Dejé lo que estaba haciendo y vine corriendo. Bueno, más bien volando. Cogí un avión. Me daba la impresión de que no iba lo suficientemente de prisa. Estuve tentado a pilotarlo yo mismo. Estaba frenético y desquiciado. Luego cogí dos más y alquilé un par de coches. Al segundo le quemé el motor de lo deprisa que iba. Literalmente ardió en llamas."
"Estaba en la puerta del cementerio, dispuesto a entrar, cuando te oí. Morir, habías dicho, y por una milésima de segundo pude entrar en tu mente, sin que me notaras. Y lo que vi fue espantoso. Estabas rota, desolada, vacía y fría. Exactamente igual que lo estaba yo. Deseabas morir, cuando ya parecía que lo habías hecho."
"Y entonces lo acepté. Me marché para que tuvieras una vida normal. Pero tú jamás tendrías vida sin mí. Me amas más de lo que merezco, y preferías vivir en un mundo de sombras, antes de tratar de ser feliz con otro hombre. Y como te dije, me propuse intentarlo."
"Durante los dos días en que creí que habías muerto, creí enloquecer. Estaba dispuesto a vivir lejos de ti, pero en un mundo en el que no existieras, eso no estaba seguro de poder soportarlo. Ahora sé que ni puedo ni quiero estar sin ti. Así que acepté que tenía que encontrar la manera de estar cerca de ti, sin matarte. Tú también eres lo que yo más amo, deseo y necesito."

martes, 2 de agosto de 2011

Recordatorio Necesidades (Capítulo VI)


NECESIDADES
-Tú no eres un monstruo, Chris.- Dije mientras acariciaba su rostro con mis manos, al tiempo que le daba un dulce beso en la mejilla.
-¿No has escuchado lo que he dicho? He matado a miles, puede que millones de mujeres.- Se levantó y se quedó de pie, de espaldas a mí, con la mirada perdida en el horizonte. Allá donde el mar y el cielo se unían.
-No me importa, Chris.- Dije levantándome y rodeándole por la cintura, al tiempo que recostaba mi cabeza en su poderosa espalda.- Te recuerdo que yo también he matado.
-Te hice daño.- Imagino que pensó que si el dolor de otras no me impresionaba, el mío sí lo haría. Pero se equivocó. Al contarme su historia había conseguido que entendiera muchas cosas.
-Mírame Chris, por favor. Sólo quiero que me respondas con un sí o un no, ¿De acuerdo?- Se dio la vuelta y asintió, clavando sus hermosísimos ojos azules en los míos. Me tuve que recordar a mi misma que debía respirar.- ¿Te fuiste por qué creíste que así yo estaría a salvo de ti?- Asintió. Acaricié su adónico rostro, extenuantemente bello y tremendamente castigado por el dolor.- ¿Y nunca te atreviste a tocarme o abrazarme por miedo a herirme?- Volvió a asentir.- ¿Y creíste que con tu marcha yo tendría una vida normal?- Su cabeza volvió a asentir, mientras sus dedos se hundían entre mis cabellos, a la altura de mi nuca. En su rostro se mezclaban el dolor con la devoción.- Entonces no me heriste Chris, hiciste lo que creías que era correcto, y los monstruos no hacen eso. Sólo tratabas de protegerme.- Recorrí la línea de sus labios con uno de mis dedos. Deseaba poder besarle y borrar el dolor de él.
(...)
De pronto, sentí una mano de Chris en mi nuca y la otra me aferraba con fuerza por la espalda, casi rompiéndome la columna y obligándome a arquearme. Ya no me encontraba sentada, estaba tumbada sobre la arena, con él sobre mí. Sentí todo su peso sobre mi cuerpo. Hubiera podido morir aplastada, pero no me importó.
Sus labios estaban sobre los míos, pero no me besaban mansamente. Más bien todo lo contrarió, como si aquel beso fuera el último y quisiera exprimirlo al máximo. Aproveché el momento, fundiendo mis labios con fuerza contra los suyos, ya que no sabía cuando tendría la suerte de repetir aquel apasionado beso.
Su aliento me ardía en la garganta, llegando a quemarme los pulmones. Era abrasador y vigorizante a la vez. Su lengua buscaba desesperadamente la mía. Aquel beso superaba con creces todas las veces que yo había soñado con él. Y súbitamente acabó, como había acabado el sueño.